Sector minero-energético y renta del Estado
18 de febrero de 2026Contenido
El país enfrenta una crisis fiscal sin precedentes y el equipo económico del Gobierno Nacional, busca razones para más impuestos. La industria que explora y explota los recursos del subsuelo de propiedad del Estado, y la que produce la energía que mueve al país, siempre están incluidas en las ideas que se plasman en los decretos de emergencia económica, para ser sujetos de más carga tributaria.
La emergencia económica declarada a través del Decreto 1390 de 2025, que fue suspendida por la H. Corte Constitucional, contemplaba una contribución del 2,5% sobre utilidades antes de impuestos para las generadoras de energía y un pago en especie de 12% sobre la energía eléctrica hidráulica transada en bolsa. Un impuesto especial para la estabilidad fiscal sobre la primera venta o exportación de hidrocarburos y carbón y un ajuste al impuesto al carbono.
Con la nueva emergencia económica declarada a través del Decreto 0150 de 2026, se pretende adoptar un impuesto al patrimonio para las 15.000 sociedades con más alto patrimonio en el país, donde claramente están las del sector minero-energético, nuevamente con aumento progresivo hasta llegar al 5%. Además, se les suma el impuesto del 1% sobre la extracción de petróleo y carbón, antes previsto. Respecto de esta situación los analistas han explicado que el sector minero-energético podría llegar a que su carga impositiva, en el mejor de los casos, sea del 70% y en el peor del 80%. Todo porque con su sobretasa en renta, puede llegar, en ese sólo impuesto, a una tarifa del 40%, y sus accionistas tienen un impuesto a los dividendos del 39% para personas naturales y del 20% para accionistas extranjeros. Son empresas responsables del IVA del 19% y del ICA en los municipios en los cuales ejercen sus actividades y ahora tendrían nuevos tributos.
A esto hay que sumarle otros costos y gastos que afectan las utilidades, como son las regalías, las contraprestaciones adicionales a las regalías, las inversiones sociales y las inversiones y compensaciones ambientales, por fuera de los costos de operación, que dependerán de la dificultad de los trabajos a ejecutar. Cabe recordar que los períodos de maduración de estos proyectos son largos e intensivos en capital. Pasar de la fase de prefactibilidad a la de factibilidad y, luego, a la de ejecución, requiere de esfuerzos importantes, lo que hace que pagar tantos impuestos sea un factor disuasivo para invertir en este sector. La recuperación de inversiones puede tardar décadas, luego el concepto de “utilidad” está diferido en el tiempo.
Lamentablemente, nada de esto es tenido en cuenta por quienes diseñan estos impuestos. Tampoco consideran la volatilidad de los precios de los commodities (minerales de exportación y los hidrocarburos); o los factores no controlados en la generación de energía como el clima, el juego de la oferta y la demanda y la geopolítica. Quienes trabajamos en estas industrias sabemos que estos subsectores deben poder jugar con las vacas gordas y las vacas flacas, y esto implica no estar demasiado estrechos. Requieren además de inversiones constantes y la adopción de nuevas tecnologías e innovación.
En el caso de los minerales y los hidrocarburos, en la medida en que se avanza en la explotación de las reservas, más dinero hay que invertirle a la bocamina o al pozo, para mantener lo más estable posible la producción. Los costos, los gastos y los riesgos son del contratista, no se trasladan al Estado. Esta es la mirada empresarial. Pero también hay una óptica desde el Estado. La renta que se produce es muy importante. Las regalías financian los proyectos de inversión, el desarrollo territorial, la educación, la salud y la ciencia, con especial énfasis en las zonas de mayor impacto y necesidades básicas insatisfechas. También se financian inversiones de tipo ambiental.
Con las contraprestaciones adicionales, se sostienen las entidades del gobierno que administran los recursos y las inversiones sociales y ambientales benefician a las comunidades de zonas apartadas. De seguir como vamos, todas estas distintas bolsas de recursos para financiar necesidades, van a desaparecer y no se tendrá de dónde echar mano en el futuro. Solo cabe recomendar ponderación y prudencia.