Fútbol

Acabar con la violencia

31 de agosto de 2026

Andrés Charria

Of Counsel en CMS Rodríguez-Azuero
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Más de veinte años después

Es increíble cómo, de manera cíclica, los energúmenos de las barras bravas atentan contra el normal desarrollo del fútbol colombiano. Recientemente se conoció un fallo de casación penal sobre un hincha de Santa Fe asesinado hace más de 20 años en las tribunas de El Campín, durante un partido entre América y Santa Fe. La semana pasada, curiosamente, los hinchas de Santa Fe y del América, cómo no, decidieron enfrentarse con toda clase de cuchillos, palos y demás armas en la gramilla de El Campín.

Entre estos dos eventos han sido permanentes los desmanes en el fútbol colombiano: hinchas que se pelean, muertos en las tribunas, invasiones de cancha, cuchillos, enfrentamientos y toda clase de barbaridades.

Cada vez que ocurre algo parecido, lo primero que hacen las autoridades es crear un comité o nombrar una serie de personas que poco dirán y menos harán. Y, a la vuelta de la esquina, nuevamente los desadaptados se apropian de la tribuna, el partido y el fútbol en general.

Fútbol, Gobierno y equipos se quejan y prometen implementar medidas drásticas para que nunca más vuelva a presentarse algo similar. Todo se queda en noticias frenéticas durante máximo una semana.

La pregunta de siempre es: ¿qué hacer para que verdaderamente no vuelva a ocurrir?

No es fácil, pero más que difícil, lo que falta es voluntad real para acabar con ese fenómeno, ni en el Gobierno ni en el fútbol. Cuesta mucho, es complejo y puede tocar sensibilidades que políticamente no son las mejores para el politicucho de turno o el dirigente.

¿Se pueden controlar las barras bravas? Yo creo que sí. Hay casos exitosos que no solo mejoraron la seguridad y comodidad en los estadios, sino que, como consecuencia de esas medidas, mejoraron el fútbol en general.

El ejemplo más claro fue Inglaterra. Luego de muchas tragedias con muertos en las tribunas, en menos de nueve meses, el juez Mr. Taylor realizó una investigación que diagnosticó la situación del fútbol en ese momento y propuso medidas que erradicaron a los violentos de las tribunas e hicieron los estadios más cómodos y seguros. Solo nueve meses y la confianza y el apoyo del Gobierno.

Las cuatro medidas que mejoraron de manera casi inmediata el fútbol inglés fueron, antes que nada, que todos los espectadores debían estar sentados en silletería numerada; la instalación de circuitos cerrados de televisión para identificar a los energúmenos; mejorar la Policía y prepararla específicamente para atender las situaciones de los estadios, con agentes entrenados para controlar multitudes, recibir instrucciones claras y contar con una estructura de mando coordinada para cada partido; y, finalmente, la identificación y sanción de los individuos que cometieran desmanes en las tribunas.

Llama la atención que la mayoría de los implicados considera que la carnetización de las barras soluciona el problema. Personalmente, me parece una medida adecuada, pero que por sí sola no lo soluciona. La idea del informe Taylor era identificar al infractor concreto, impedirle volver al estadio, mejorar la vigilancia y obligar al organizador a disponer de un sistema seguro. Lo anterior, aunado a políticas de las federaciones contra los organizadores de los partidos, erradicó de manera importante lo que en nuestro país ocurre permanentemente.

¿Es posible acabar con la violencia en los estadios? Sí.

¿Es factible? Por supuesto.

¿Qué se necesita? Antes que nada, voluntad de todos los actores implicados: equipos, Dimayor y, por supuesto, Estado. Como veo la situación, esto último es lo que no existe en estos momentos. Ojalá algún día aparezca.