Fútbol

Año de mundial y mucho fútbol

19 de enero de 2026

Andrés Charria

Fundador de Tres Puntos Consultores
Canal de noticias de Asuntos Legales

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2026, año de mundial; de dos torneos al año en Sudamérica, de Copa Libertadores y Champions. De mucho, muchísimo fútbol. Parecería que este deporte goza de la mejor salud, al menos desde el punto de vista financiero. Las televisiones pagan lo que pidan los campeonatos o sus organizadores, se cambian los operadores, unos desaparecen, surgen otros y el dinero brota a manos llenas. Torneos o más bien finales en lugares fuera del territorio como la pasada Supercopa española pagada con petrodólares.

Salarios desmesurados alejados de la realidad de cualquier país con jugadores menores de 20 años que reciben en una sola quincena lo que la mayoría de trabajadores no recibirá en toda su vida. Eso no está mal, ellos venden espectáculo, que es pagado por los operadores. En general un jugador de fútbol gana mucho, eso no tiene nada de malo.

La otra cara de la moneda tiene que ver con la precarización laboral del jugador. No hablo de las grandes estrellas de los equipos europeos que juegan Champions o de algunos cracks en otros países sino del jugador medio que vive de pegarle patadas a un balón que aparentemente tiene protección jurídica de los reglamentos FIFA pues es el ingrediente principal de todo este espectáculo.

La protección del contrato de trabajo por parte de la ley o los reglamentos es ficticia. Empezando por la firma misma del contrato, ya no se negocia, de pronto se negocia el salario y remuneraciones adicionales, el resto es un formato en el que nada pueden opinar los jugadores o sus agentes.

Los reglamentos de FIFA no se respetan, ni por los clubes ni por las federaciones que no acatan las directrices para sus reglamentos locales. FIFA permanentemente agrega normas que, repito, son ignoradas por federaciones y clubes. Lo mismo ocurre con la ley.

Pongamos un ejemplo: la reforma laboral que entró en vigor el año pasado prohibió las cláusulas de rescisión; en nuestro desmadejado fútbol los clubes siguen incluyéndolas en sus contratos con cifras absurdas. Nadie hace nada. Las medidas de fuerza del Ministerio de Trabajo o del Deporte sirven apenas. Al momento de escribir esta columna el Pereira estaba en el calendario del torneo sin mayores problemas a pesar de los líos que apenas hace tres meses tenía.

No conozco la situación pero podría asegurar que la mayoría de los jugadores a los que se les debía dinero acabaron terminando el contrato de trabajo por mutuo acuerdo y negociaron la salida con una cifra inferior a la deuda y con la incertidumbre del pago de ese acuerdo.

La tendencia empieza a ser contratos de trabajo cortos, de apenas un semestre o contratos largos que son terminados por mutuo acuerdo prácticamente el primer semestre. En Colombia hay equipos que cambian más de seis jugadores por torneo con la ilusión de hacer caja con alguno o de formar un equipo competitivo, ya sabemos que para ganar una estrella se necesita pasar a los cuadrangulares y allí ganar tres partidos. No se necesitan procesos largos o divisiones inferiores fuertes. Un equipo decente y algo de suerte es lo único para estar el último día del campeonato con un trofeo en la mano.

El jugador está a merced de un agente que poco va a defender sus intereses y por supuesto del club empleador que sabe que lo utiliza y lo descarta; es la realidad. El problema no es que el fútbol pague fortunas. El problema es que el contrato de trabajo dejó de ser una garantía y pasó a ser apenas un trámite dentro de un negocio que funciona incluso cuando la ley y los reglamentos se ignoran.