Juegos Olímpicos

Dopaje exótico

23 de febrero de 2026

Andrés Charria

Abogado deportivo
Canal de noticias de Asuntos Legales

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Hace unos días apareció una noticia que indicaba que varios participantes de salto con Esquí en los olímpicos de invierno están aumentando el tamaño del miembro viril para lograr alguna ventaja en su competencia pues las prendas utilizadas precisamente por el tamaño de este órgano aumentarán la distancia del salto.

La noticia se basa en un estudio que se hace en un portal denominado “Frontiers in Sports and Active Living” que analiza el impacto de la talla del uniforme en los saltadores. Mientras más grande la talla, el uniforme puede actuar como una vela de barco y mejorar la distancia del salto. Lo que es dudoso y fuente de noticias alegres de la prensa supuestamente seria es que un aumento en el miembro viril puede resultar en un aumento significativo del área del traje. Es tan ridículo el informe y nuestra prensa tan mala que les sirve para un rato de diversión.

Más como burla que como noticia un reconocido periodista le preguntó a una mujer con cierta sorna a sobre el tema y al final concluyen los importantísimos comunicadores que eso es dopaje. Tema similar me ha sucedido con el viagra. Permanentemente preguntan si es dopaje siempre con un trasfondo malicioso. Ese tipo de retruécanos deja mal prados a los periodistas por chistes flojos y sobre todo por ignorancia sobre temas de dopaje.

Frente a las prendas que utilizan los deportistas, sin tratar asuntos sexuales, ocurrió hace algún tiempo con los vestidos de baño y la natación. Hay materiales en los que la fricción con el agua es mucho menor y por lo tanto el deportista puede alcanzar mayor velocidad en una piscina. Tal fue el impacto de esas prendas que en un solo campeonato mundial se rompieron 43 récords mundiales.

En los campeonatos mundiales de Roma y en los Olímpicos de Pekin se rompieron prácticamente todos los récords mundiales. Se consideró asombroso y anormal el asunto pero a ningún deportista se le sancionó por “dopaje tecnológico”. Después de esas competencias se prohibieron esas prendas y a partir de ese momento si era sancionable su utilización. No se retiró ningún récord y mucho menos hubo sanción alguna.

Se tomó mucho más en serio esa noticia y como siempre los muy ingeniosos periodistas deportivos hablaron de “dopaje tecnológico” un eufemismo que los deja más tranquilos en vez de indicar que era pura y simple trampa.

Vamos por partes; el dopaje, en muy pocas palabras es la presencia, el uso o le tráfico de sustancias prohibidas que están en una lista, o intentar de alguna manera sabotear los procesos de toma de muestra de sangre o de orina. Es solo eso.

Tener un motor en una bicicleta, un alerón en un carro de F1 más largo de lo indicado por el reglamento o saltarse el fair play financiero con plata de un dueño rico se llama trampa y es básicamente eludir lo indicado por un reglamento. Adicionalmente mientras determinada práctica no esté prohibida en un reglamento se entiende como permitida. Es cierto que en el deporte utilizan alegremente la retroactividad sancionatoria pero en principio todo lo que no esté prohibido está permitido.

Los estudiosos en entrenamiento deportivo buscan mejorar el rendimiento de los atletas, con métodos de entrenamiento novedosos, materiales sofisticados o cualquier otra forma que se encuentre en el reglamento. Volviendo a los nadadores se afeitan totalmente el cuerpo para disminuir la fricción con el agua. Mientras no esté prohibido en un reglamento se puede utilizar.

El dopaje no es una metáfora ni un chiste de sobremesa. Es un concepto jurídico preciso. Y su banalización no solo es ignorancia: es desinformación.