Opinión

Fútbol y caridad

27 de septiembre de 2015

Andrés Charria

Fundador de Tres Puntos Consultores
Canal de noticias de Asuntos Legales

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El primer caso es el de Alexis Vieira, arquero uruguayo que como a muchos que viven en este inseguro país tuvo la malísima fortuna de ser víctima de un atraco con arma de fuego. Un disparo en la espalda por poco lo deja cuadripléjico, afortunadamente en estos momentos empieza a caminar y parece que su recuperación será cuestión de tiempo.

Una vez se supo la noticia, exjugadores, jugadores, hinchas, asociaciones de jugadores y periodistas se unieron para ayudar a Vieira, se recogió una buena cantidad de dinero para “el pulpo” hecho que nuevamente nos mostró el fútbol con su cara amable, actividad que une las personas.

Tiempo ha pasado desde un accidente similar con el director técnico Luis Fernando Montoya y desde entonces algo se ha aprendido sobre el cumplimiento de los mínimos legales. En estos momentos los equipos cotizan a la seguridad social, algunos con salarios más bajos que los reales de manera ilegal (sin real inspección vigilancia y control al respecto), pero, al menos, los jugadores están cubiertos por la EPS que de manera precaria para un profesional del fútbol realiza todo el proceso de recuperación y rehabilitación. 

La caridad no es infinita y en algún momento el dinero recaudado se acabará. Muchos países, con las federaciones nacionales al frente y los sindicatos de jugadores tienen mecanismos de ayuda para los jugadores retirados o en problemas como el de Vieira precisamente para evitar tener que depender de la buena voluntad de la gente que no siempre será como la presentada con Vieira. En Colombia el fútbol mueve mucho dinero y se debería pensar en crear un mecanismo de ayuda para estas personas, más aún cuando en algunos casos, como ya se indicó, los clubes no cumplen con sus obligaciones laborales y quienes al final, por ignorancia o susto sufren las consecuencias son los jugadores.

Muy diferente es la situación de las niñas de la selección Colombia de fútbol que igualmente tienen que rogar a la federación para cualquier cosa, como si de caridad se tratara. A pesar de pactar premios, muchas veces no se pagan y son entregados como un acto de generosidad infinita, casi como donación, por parte de la federación. Las SuperPoderosas lograron clasificaciones a mundiales, panamericanos y olímpicos, y los premios prometidos, no han sido pagados, a pesar de su extraordinario papel. 

Para el pasado mundial, el único equipo sin partidos programados de preparación fue, como no, la Selección Colombia, apenas al final del camino  a Canadá y por la solicitud vehemente de las jugadoras se lograron partidos contra selecciones de un nivel inferior al de las colombianas, contra Ecuador y Venezuela sin prácticamente divulgación en Cúcuta y Pasto se hicieron partidos que para nada, por nivel del rival, sirvieron o exigieron a las colombianas.

Las jugadoras están solas, no cuentan con la federación y para la federación no son importantes, ya se dijo que en el mundial de Canadá los dirigentes brillaron por su ausencia. No debería perderse de vista que en el actual panorama de Fifa, el futbol femenino es de prioridad alta, los mundiales y las ligas se impulsan, no como sucede en varios países incluidos Colombia en donde ellas siguen siendo un tema marginal y fruto de la bondad de quien dirige el futbol, cuando deberían verse  como un objetivo estratégico. Los reglamentos y el mandato de Fifa se están diseñado para que en poco tiempo el fútbol femenino sea un gran evento.

Se espera que la Federación cumpla con este mandato de seguimiento a los clubes, jugadores desfavorecidos y con las jugadoras que, al menos este año, han hecho mucho mejor papel que los hombres para que no tengan que volver a recurrir a la caridad aún con su propia federación.