Venezuela

Venezuela: oportunidad bajo licencia

14 de mayo de 2026

Catalina Jimenez

Socia y directora del área de Compliance de OlarteMoure
Canal de noticias de Asuntos Legales

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El mercado venezolano de oil & gas sigue moviéndose. Pero no porque el régimen de sanciones haya desaparecido, ni porque operar con PDVSA esté libre de restricciones. Lo que está ocurriendo es más sofisticado: la OFAC está usando licencias generales para permitir ciertas operaciones, bajo condiciones y controles concretos.

La flexibilización no equivale a una “luz verde” general. Es una apertura selectiva: habilita actividades antes prohibidas, pero solo si la operación encaja en la licencia aplicable y cumple sus requisitos.

El esquema ha avanzado en varias capas. Algunas licencias permiten operaciones relacionadas con petróleo y productos petroquímicos venezolanos, incluyendo compra, venta, transporte, almacenamiento o comercialización. Otras licencias habilitan operaciones más específicas, como la venta de ciertos insumos de origen estadounidense para facilitar el transporte de crudo pesado, el suministro de bienes, tecnología, software y servicios para actividades de exploración, desarrollo y producción, o la negociación de contratos contingentes sujetos a autorización posterior de OFAC. La Licencia General 52 marca un punto relevante al permitir que entidades bajo jurisdicción estadounidense puedan tener ciertas transacciones con PDVSA y entidades en las que PDVSA tenga una participación igual o superior al 50%.

¿Qué significa esto para los empresarios? Que Venezuela vuelve a aparecer en el radar, pero no como un mercado ordinario. Entrar sin una lectura fina de este régimen puede convertir una oportunidad comercial en múltiples riesgos.

Hay tres mensajes prácticos.

Primero, cada operación debe mapearse contra la licencia correcta. Hay que identificar los actores que participan en las operaciones, sus estructuras societarias, qué entidades venezolanas intervienen, qué se vende, cuál es el flujo de pagos, qué bancos procesan la transacción y si hay tecnología o software sujetos a controles adicionales.

Segundo, la debida diligencia sigue siendo central. PDVSA puede estar cubierta en ciertos escenarios, pero eso no significa que cualquier contraparte, intermediario, buque, banco o beneficiario final quede automáticamente autorizado. Revisar listas restrictivas, propiedad y control, riesgos de corrupción, origen de fondos y trazabilidad de pagos es la diferencia entre operar dentro del permiso o salirse de él.

Tercero, la estrategia contractual importa. Varias licencias exigen condiciones sobre ley aplicable, resolución de controversias, términos de pago comercialmente razonables y reportes a autoridades estadounidenses. Estos aspectos no se resuelven al final de la negociación; deben diseñarse desde la estructura misma del negocio.

Para las compañías colombianas, el mensaje es importante. La cercanía geográfica y comercial con Venezuela puede generar oportunidades reales en energía, oil & gas, servicios, infraestructura, transporte, seguros, financiamiento y suministro. Pero esa misma cercanía puede llevar a subestimar la jurisdicción estadounidense, especialmente cuando hay dólares, bancos corresponsales, tecnología estadounidense o contrapartes internacionales.

La pregunta ya no es simplemente si Venezuela está “abierta” o “cerrada”. La pregunta correcta es si una operación específica está autorizada, bajo qué licencia, con qué límites y con qué controles.

Ese es el nuevo terreno de juego: una reactivación posible, pero vigilada. Para quienes entiendan bien las reglas, el régimen de sanciones puede convertirse en una ventaja competitiva.