Más allá de las reservas, desafíos del petróleo en Venezuela
28 de febrero de 2026Contenido
Venezuela posee las mayores reservas petroleras probadas del mundo: alrededor de 303 mil millones de barriles, casi el 20% del total mundial (OPEC, 2025). Sin embargo, esa abundancia de recursos se asemeja a tener una fortuna en el banco, pero con la cuenta congelada; el petróleo está ahí, pero sin tecnología, inversión e infraestructura, no se puede convertir en producción ni en ingresos para el país.
Históricamente, el petróleo ha sido el motor de la economía venezolana. En 2024 casi el 80% de la balanza comercial del país dependía del petróleo (OEC, 2026). No obstante, a pesar de ser el país con las mayores reservas a nivel global, no se encuentra hoy en el top20 de países productores. La caída en la producción es evidente: de producir cerca de 3 millones de b/d (barriles por día) en 2016 pasó a menos de 1 millón de b/d en enero de 2026; en perspectiva, Colombia produjo casi 800.000 b/d a diciembre del 2025 (OPEC 2016, 2026).
A diferencia de grandes productores como Estados Unidos Arabia Saudita o Rusia, Venezuela concentra su potencial en crudos (petróleo sin procesar) pesados y extrapesados, más viscosos y costosos de producir. Su aprovechamiento presenta dos desafíos: la infraestructura en deterioro (instalaciones en superficie afectadas por años de subinversión) y las soluciones tecnológicas especializadas necesarias para la producción de este tipo de crudos (diluyentes, vapor, tratamiento de emulsiones, entre otros).
La flexibilización reciente de sanciones y el cambio en el entorno geopolítico abren una oportunidad para reactivar la industria. No obstante, el desafío central va más allá de quién puede operar: implica bajo qué reglas se estructuran los contratos y la operación, qué soluciones tecnológicas se implementan y cómo se distribuyen los riesgos técnicos y financieros, así como posibles riesgos legales o de compliance que puedan surgir.
Estos desafíos no son nuevos para el sector. En la región existen experiencias relevantes en la explotación de crudos con características fisicoquímicas similares. Colombia, por ejemplo, ha logrado desarrollar capacidades técnicas y operativas para aumentar la producción y las reservas recuperables de crudos pesados mediante inversión sostenida en conocimiento aplicado. Empresas como Ecopetrol, a través del Instituto Colombiano del Petróleo y Energías de la Transición (ICPET), han consolidado tecnologías en producción, transporte y refinación, respaldadas por estrategias de investigación, protección de propiedad intelectual y esquemas de transferencia tecnológica (ECOPETROL, 2022).
La experiencia confirma que la abundancia de recursos naturales no garantiza, por sí sola, prosperidad ni desarrollo sostenible. La riqueza petrolera solo se convierte en crecimiento real cuando existe un marco legal e institucional sólido que brinde estabilidad jurídica, garantice la seguridad de las inversiones, proteja el capital y facilite la transferencia efectiva de tecnología. Sin reglas claras y ejecutables, el riesgo puede desplazar la inversión de largo plazo y limitar la incorporación de soluciones técnicas indispensables para operar campos complejos. En este escenario, la reactivación del sector petrolero en Venezuela dependerá en gran medida del apetito de riesgo de inversionistas dispuestos a ingresar de manera anticipada, así como de la existencia de mecanismos contractuales y operativos que permitan mitigar contingencias, proteger la inversión y asegurar vías claras para el retorno de la inversión.