42 horas: por qué trabajar menos puede costar más
16 de julio de 2026Contenido
El 15 de julio, la jornada laboral máxima en Colombia baja de 44 a 42 horas semanales, el último escalón de la Ley 2101 de 2021. El cambio alcanza a más de 1,4 millones de empresas formales y, aunque se lee como una noticia sobre el tiempo de trabajo, su efecto más inmediato recae sobre los costos. Ningún salario baja, pero el valor de la hora ordinaria sube cerca de 4,76%, porque el divisor con el que se calcula pasa de 220 a 210 horas al mes. La misma operación, con la misma gente y el mismo sueldo, cuesta más desde ese día.
La aritmética es sencilla de verificar. El valor de la hora ordinaria resulta de dividir el salario mensual entre las horas laborables del mes, y al reducirse la jornada ese divisor baja, de modo que cada hora vale más. Con el salario mínimo de 2026, la hora ordinaria pasa de 7.959 a 8.338 pesos. Como las horas extra y los recargos se liquidan sobre esa base, todos suben igual, y el trabajo suplementario se cuenta desde la hora 43 de la semana.
El aumento no llega solo. Coincide con dos cambios de la reforma laboral, la Ley 2466 de 2025. Desde el 1 de julio, el recargo por trabajo en domingos y festivos subió del 80% al 90%, en un tránsito que llegará al 100% en julio de 2027. Y desde finales de 2025, la jornada nocturna, con recargo del 35%, empieza a las 7:00 p.m. en lugar de las 9:00 p.m., lo que amplía las horas sujetas a ese pago. Una jornada más corta, una hora más cara y más horas con recargo coinciden en el mismo semestre, algo que varios analistas ya llaman una tormenta perfecta.
Para las empresas que operan por turnos, mantener los mismos esquemas equivale a acumular horas extra que antes no aparecían y esa es la respuesta más costosa. El Ministerio del Trabajo intensificó las inspecciones desde 2023, con multas de hasta 5.000 salarios mínimos, y un error en la liquidación expone a auditorías del Ministerio y de la UGPP, además de reclamaciones. Pagar más horas extra es la salida fácil y la que más deteriora la caja.
Conviene mirar el fondo del asunto. Colombia es el país que más horas trabaja en la OCDE, con 43,2 horas semanales de promedio, y a la vez el que menos produce por hora: cerca de 21 dólares de PIB, frente a más de 71 del promedio del organismo. Durante años ha demostrado que trabajar más tiempo no lo hace más productivo. La cuestión de fondo tiene menos que ver con cuántas horas se trabaja y más con cuánto valor se genera en cada una.
Vista así, la reducción de la jornada deja de ser una carga y se vuelve una oportunidad. Rediseñar los turnos, medir el trabajo por resultados y no por presencia, automatizar tareas repetitivas y depurar procesos improductivos permite sostener la operación en menos horas sin disparar los costos. Son las medidas que el país necesitaba para cerrar su brecha de productividad, ahora empujadas por el calendario. La norma es igual para todas las empresas, así que por sí sola no distingue a ninguna. Lo que marca la diferencia es la gestión. Las compañías que aprovechen este momento para revisar cómo trabajan, y no solo para recalcular la nómina, saldrán con una operación más eficiente y sus costos bajo control. Las que se limiten a pagar más horas extra comprobarán que una reforma pensada para dar descanso terminó encareciéndoles la operación. Lo que se pone a prueba el 15 de julio es la capacidad de producir el mismo valor en menos tiempo, la conversación que el país llevaba años aplazando.