Tres proveedores deciden a qué ritmo mejora su empresa
23 de septiembre de 2026Contenido
El 18 de septiembre, cuatro suscriptores presentaron en California una demanda antimonopolio contra Anthropic, OpenAI, SpaceXAI y Google, alegando que acordaron desacelerar el ritmo con que mejoran sus modelos de inteligencia artificial. Es un alegato y ningún juez ha resuelto nada. Lo que hace que el caso importe a una empresa que ya usa esas herramientas es la pregunta que abre: qué ocurre con su operación si el ritmo de mejora se decide entre proveedores.
Para dimensionarla hay que mirar quién provee. El informe anual de Menlo Ventures, fondo de capital de riesgo que invierte en el sector que analiza, estima con una encuesta a cerca de 500 tomadores de decisión estadounidenses aplicada en noviembre de 2025 que Anthropic concentra 40% del gasto empresarial en interfaces de modelos de lenguaje, OpenAI 27% y Google 21%. Los tres suman 88% de una categoría que movió US$12.500 millones ese año.
La alternativa se encogió mientras eso ocurría. Los modelos de código abierto bajaron de 19% a 11% del uso empresarial en doce meses. La puerta de salida sigue abierta y cada vez menos organizaciones la usan.
El cambio de fondo está en cómo se produce la capacidad. El 76% de los casos de uso empresariales hoy se compra en lugar de construirse, cuando un año antes la división era 53% construido y 47% comprado. Las compañías dejaron de fabricar esa capacidad y pasaron a arrendarla, con la velocidad de mejora incluida en el arriendo.
Tampoco cambian de arrendador. Al presentar ese informe, uno de los socios del fondo señaló que, aun cuando los costos de cambio son bajos, la mayoría de las empresas se queda con su proveedor y se limita a actualizar al modelo más reciente. La dependencia deja de explicarse por barreras técnicas y empieza a explicarse por inercia organizacional, que es una causa distinta y que sí está bajo control de quien compra.
La consecuencia aparece en la planeación. Una organización que rediseñó su atención al cliente, su análisis documental o su desarrollo de software asumiendo que la herramienta mejoraría cada pocos meses puso una variable de su plan de productividad en manos ajenas. Si esa curva se aplana, el plan se aplana con ella, y el contrato firmado casi nunca dice nada sobre el asunto.
Ahí están las preguntas que faltan en la mayoría de esos contratos. Qué compromisos existen sobre continuidad de capacidades, qué ocurre cuando una función se retira, qué portabilidad real hay para los datos y las configuraciones acumuladas, con cuánta anticipación se avisa un cambio de modelo. Todas ellas son las que cualquier área de compras exige cuando negocia el suministro de un insumo del que depende la producción.
El pleito de California puede prosperar o caerse y eso cambia poco para quien ya montó su operación sobre estas herramientas. Lo que el caso deja a la vista es anterior a cualquier fallo: una capacidad que la organización no produce ni controla merece el tratamiento contractual y el plan de contingencia que se le da a cualquier otro insumo crítico. Queda por saber cuántas empresas revisaron sus contratos con esa lente antes de firmarlos.
Tres proveedores concentran 88% del gasto empresarial en inteligencia artificial