Enfoque de la gestión fiscal ante las realidades globales y tecnológicas: la ventaja será de quienes se anticipen
27 de febrero de 2026Contenido
A nivel global, los sistemas tributarios de vanguardia tienen un común denominador: gestionan riesgos antes de que se conviertan en contingencias. El Marco de Gestión del Riesgo de Cumplimiento del Foro de Administración Tributaria de la OCDE establece un proceso sistemático para identificar, evaluar, priorizar y gestionar riesgos fiscales. Este enfoque incluye ciclos de monitoreo y mejora que permiten anticipar desviaciones antes de declarar, en lugar de corregirlas posteriormente; es una referencia global para elevar la calidad de la gestión tributaria tanto en administraciones como en contribuyentes.
En esa misma línea, la ISO 37301 proporciona un sistema de gestión de compliance certificable que integra liderazgo, políticas, evaluación de riesgos, controles operativos, auditorías y mejora continua. Su estructura de alto nivel facilita la integración con otras normas ISO (p. ej., 9001, 27001), lo que contribuye a estandarizar procesos, reducir errores y demostrar la debida diligencia ante reguladores y partes interesadas.
En Colombia, la DIAN viene reforzando su capacidad de fiscalización electrónica y el uso de cruces masivos de información exógena, facturación y nómina electrónicas, así como comparaciones sectoriales y analítica de datos, para detectar inconsistencias con mayor precisión y velocidad, elevando los estándares de razonabilidad y exigiendo controles internos más robustos y datos coherentes desde el origen.
Además, como resultado de una investigación de la DIAN sobre las declaraciones del año gravable 2024, realizada mediante auditorías a grandes contribuyentes, se reveló un patrón recurrente de inexactitudes, como costos y deducciones sin soporte, omisión de ingresos, pasivos inexistentes, pagos al exterior sin retención y errores de cálculo en anticipos e intereses presuntivos. La mayoría de estas inconsistencias se corrigen tras la presentación de la declaración, activadas por alertas o requerimientos formales. Esto confirma un sesgo reactivo en la práctica y resalta la necesidad urgente de migrar hacia un modelo preventivo que se alinee con los estándares internacionales.
Aunado a lo anterior, en el marco de la transformación, la DIAN está impulsando un programa de modernización con una inversión total de 250 millones de dólares y un horizonte operativo hasta diciembre de 2028. Este programa busca fortalecer la seguridad de la información, modernizar sistemas clave y optimizar la infraestructura tecnológica, con el objetivo de mejorar el control y la transparencia en las operaciones tributarias (información provista por el usuario).
Este cambio institucional obliga a las organizaciones a replantear su gestión. La fiscalización se vuelve cada vez más digital, automatizada y basada en riesgos. Por lo tanto, contar con un plan estratégico de impuestos —alineado con marcos internacionales, fundamentado en datos y respaldado por tecnología— es ahora una condición esencial para operar con seguridad en un entorno de supervisión constante, en lugar de ser una simple ventaja competitiva.
Surge la necesidad de adaptar la gestión tributaria mediante una herramienta integral que considere efectos financieros, reputacionales y operativos. Esto incluye controles internos documentados y auditables diseñados según el riesgo; una matriz de riesgos tributarios integrada al mapa corporativo; una política tributaria formal aprobada por la alta dirección; y roles y responsabilidades claramente definidos entre Tax, Contabilidad, Legal, Compliance y Tecnología. Este modelo se alinea con la guía internacional (OCDE–FTA) y con los sistemas de gestión (ISO 37301), minimiza el riesgo de hallazgos en fiscalizaciones y promueve una relación más transparente y eficiente con la administración tributaria.
La transición a un modelo preventivo ofrece beneficios medibles: menos sanciones, devoluciones más sólidas, menos litigios y mayor preparación ante la fiscalización electrónica. Para lograrlo, es fundamental adoptar una doble estrategia: i) la metodología de gestión del riesgo de cumplimiento del FTA–OCDE, que propone un ciclo estructurado que incluye la identificación y mapeo de riesgos; evaluación y priorización; análisis de comportamientos y causas; definición de estrategias de tratamiento diferenciadas; y monitoreo de resultados.
Esto permite dirigir los recursos hacia las áreas de mayor riesgo (registro, presentación, calidad de la información y pago); ii) un sistema de gestión de compliance conforme con ISO 37301, que formaliza el liderazgo, la política y los objetivos, la evaluación de riesgos, los controles operativos, las auditorías internas y la mejora continua.
Además de lo anterior, se incorpora un componente tecnológico esencial. La fiscalización electrónica y los cruces automatizados requieren capacidades tecnológicas específicas que incluyan: i) automatización de cálculos, conciliaciones y validaciones (factura electrónica–IVA–exógena–nómina); ii) monitoreo en tiempo real con alertas tempranas; iii) integración de documentos electrónicos; iv) trazabilidad de soportes; y v) analítica para comparar datos y detectar desviaciones significativas.
La DIAN utiliza la información exógena, junto con los documentos electrónicos, como insumo para cruces y estudios que respaldan la fiscalización. Por lo tanto, la coherencia de datos desde contabilidad, compras, nómina y tesorería ya es un requisito operativo —no solo de auditoría—.
El cumplimiento tributario ha evolucionado más allá de ser un simple trámite operativo. Con marcos internacionales que privilegian la prevención (OCDE–FTA, ISO 37301) y una DIAN que amplía su capacidad analítica y tecnológica, el estándar sostenible es una gestión fiscal analítica, estratégica y preventiva. Esto implica una gestión integral del riesgo, el uso de tecnología para automatizar y monitorear, una gobernanza sólida y una planeación fiscal permanente.
Las organizaciones que se alineen con este estándar no solo reducirán sanciones y procesos contenciosos, sino que también ganarán eficiencia y credibilidad ante la autoridad y sus stakeholders. El futuro de la gestión tributaria es preventivo; la ventaja será de quienes se anticipen.