El uso de la IA. Nada que ocultar
14 de septiembre de 2026Contenido
Ha generado gran revuelo en la comunidad jurídica la noticia de que en los documentos elaborados con la ayuda de herramientas de Anthropic va a aparecer una marca que deja constancia de ello.
No se entiende la razón de tanta inquietud si la utilización de estas herramientas, lejos de ser clandestina, debería notificarse y anunciarse a los clientes.
Lo contrario implicaría no solo desconocer la realidad, sino incurrir en una violación del principio de transparencia, que obliga a informar cuándo una decisión se apoyó de manera relevante en una herramienta de IA.
De otra parte, no es concebible que exista algún cliente que prefiera, menos aún que exija, que no se utilice la inteligencia artificial en los asuntos que encomienda a sus abogados.
Quien aspire a ello puede tener la seguridad de que el abogado de la contraparte sí lo va a hacer y de que eso constituiría una enorme desventaja. Quien prescinda de estas herramientas se quedó atrás.
Otro tema que conviene desmitificar es la idea de que el trabajo jurídico realizado con IA requiere menos horas. En mi experiencia, esa reducción no siempre se produce, pues es preciso distinguir el tipo de actividad de que se trate.
La IA puede ahorrar muchísimo tiempo y reducir drásticamente los costos de los servicios legales en ciertas tareas y labores estándar, repetitivas y rutinarias, como clasificar documentos, organizar hechos y pruebas, analizar archivos extensos o sintetizar sentencias, conceptos, escritos, testimonios y expedientes voluminosos.
No ocurre lo mismo cuando se trata de elaborar un escrito exigente o sofisticado, como una demanda, unos alegatos de conclusión o un concepto jurídico.
En estos casos, el trabajo no se realiza en menos tiempo, aunque sí arroja resultados de mayor calidad y profundidad.
Una labor de esta naturaleza exige una interacción constante entre la herramienta y el abogado, quien debe alimentar el modelo con toda la información y los documentos relevantes, e impartir instrucciones claras: definir la tarea, el propósito, la extensión y el tono del escrito, suministrar el contexto jurídico necesario y detallar el resultado que espera.
Debe, además, reclamar distintas interpretaciones, argumentos o versiones de un mismo texto, depurar conceptos, introducir correcciones continuas, plantear escenarios posibles y analizar sus consecuencias jurídicas.
Debe pedirle que identifique debilidades, contradicciones, supuestos no demostrados y contraargumentos, reconducir lo que produce y supervisar con rigor el resultado. Todo eso sigue y seguirá demandando una ingente cantidad de tiempo.
La magnitud del trabajo puede apreciarse en las conversaciones que quedan registradas en la herramienta.
Luego, la labor que hay que realizar no es menor. Lo que sí es claro es que la IA tendrá un impacto en la facturación por horas, sobre todo en lo que concierne a trabajos rutinarios o de los abogados junior.
Sin embargo, ese impacto no alcanza a todos los servicios legales por igual: el trabajo de fondo, el que exige criterio y responsabilidad profesional, conserva intacto su valor.
Así que es importante abordar el tema con franqueza y aceptar sin rubor alguno, de una vez por todas, que la inteligencia artificial llegó para quedarse y que su injerencia en los servicios legales será cada vez mayor.
Lejos de recibir con estupor la noticia de que cada día será más fácil identificar la presencia de la IA en los trabajos de los profesionales del derecho, debemos más bien celebrar que cada día haya mayor transparencia en el uso de estas herramientas.