TLC

No hay mal que por bien no venga*

05 de octubre de 2026

Gabriel Ibarra Pardo

Socio en Ibarra Rimon – Signature
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El tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Canadá qué se remonta a casi cuatro décadas generó un intercambio comercial que alcanzó unos 872 mil millones de dólares en 2025, según la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, lo que convirtió a ese país a convertirse en el destino del 72% de la oferta, es exportable canadiense.

No obstante, esa relación entró en crisis cuando en febrero de 2025 el presidente Donald Trump impuso gravámenes del 25% a la casi totalidad de los bienes canadienses, tarifa que en agosto se incrementó al 35% y el pasado 22 de agosto al 50%.

En represalia, el 8 de septiembre de 2026, Canadá impuso aranceles a una amplia gama de productos estadounidenses, con tarifas entre el 15% y el 50%.

Washington reaccionó ese mismo día y anunció la prohibición de importar lácteos, motocicletas y bebidas alcohólicas originarios de Canadá, a partir del 29 de septiembre, lo que constituye el punto más alto de la escalada bilateral hasta la fecha.

Esa coyuntura dejó en evidencia que la oferta de las exportaciones canadienses dependía sustancialmente del mercado de los Estados Unidos, ante lo cual Ottawa se dio a la tarea inmediata de intensificar, la búsqueda de nuevos mercados, que había iniciado desde el año 2025, en un intento por diversificar sus exportaciones.

En ese entonces Canadá había profundizado sus lazos comerciales con la Unión Europea, hoy su segundo socio comercial, al mismo tiempo que comenzó a mirar hacia el Asia.

No obstante, desde la época de David Ricardo, es claro que la diversificación del comercio depende, en esencia, de las ventajas comparativas con las que cuente un país respecto de los demás.

Esas ventajas provienen no solo de la dotación de recursos naturales y de la disponibilidad y calidad de la mano de obra, sino también de los costos relativos de producción y de transporte, en los que pesa de manera importante la distancia geográfica.

En el caso de Canadá el Instituto Fraser concluyó que a ese país le seguiría resultando más fácil y menos costosos venderle a Estados Unidos que a otros mercados.

Por su parte, para el C.D. Howe Institute, el verdadero problema para la diversificación de las exportaciones de ese país no era la distancia, sino que las empresas canadienses se acostumbraron durante décadas al acceso fácil a ese mercado y nunca desarrollaron la capacidad de competir en los demás países, hasta el punto de que sus exportaciones de bienes a destinos diferentes de EE. UU. apenas equivalían al 6% del producto interno.

Sin embargo, la experiencia de Canadá es un ejemplo fehaciente de que de las grandes crisis surgen soluciones inesperadas. Gracias al cierre del mercado de los Estados Unidos ese país descubrió que tenía por delante y a la vista una solución de la que no se había percatado.

La alternativa no era mirar hacia afuera, ni diversificar exportaciones, sino fortalecer el comercio dentro de sus propias fronteras.

Según un informe del FMI de enero de este año, desde hace más de un siglo en Canadá proliferan múltiples barreras al comercio entre sus provincias que equivalen a un arancel interno cercano al 9%,.

Ese organismo calcula que el desmonte de estos obstáculos podría incrementar el PIB en cerca de un 7% en el largo plazo, unos 210 mil millones de dólares, cifra que supera con creces los veinte mil millones en bienes afectados por los aranceles estadounidenses.

Como consecuencia, el gobierno impulsó la Ley de una sola economía canadiense con el fin de eliminar esas barreras.

Fue el proteccionismo de Washington lo que llevó a Canadá a darse cuenta de que su problema era el proteccionismo contra sí mismo.

*Nota: en la elaboración de este artículo se emplearon herramientas de inteligencia artificial para revisar la redacción, la puntuación y los gazapos. El contenido, las ideas y las opiniones corresponden por completo al autor.