#InteligenciaArtificial

¿Quién le pone el freno a la IA?

21 de septiembre de 2026

Gabriel Ibarra Pardo

Socio en Ibarra Rimon – Signature
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Hace unas semanas se encendieron todas las alarmas en el mundo de la IA cuando varios científicos que trabajaban en las principales empresas de inteligencia artificial renunciaron a sus trabajos.

Advirtieron que la carrera por construir sistemas cada vez más poderosos avanza sin frenos y que nadie garantiza que la tecnología siga bajo control.

Las alertas apuntan a la llamada superinteligencia, una tecnología que, según el Future of Life Institute, superaría de forma significativa a todos los seres humanos en casi todas las tareas cognitivas, muy por encima de las herramientas que hoy usamos a diario.

El hecho de que esas advertencias provengan de quienes pertenecen a las mismas entrañas de esta tecnología ha generado pánico.

Max Tegmark, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, propone, como ejercicio para entender la “superinteligencia”, imaginar una inteligencia artificial o varias que operen en conjunto capaces de superar en inteligencia a los ocho mil millones de seres humanos que habitan el planeta.

Lo anterior ha puesto de nuevo sobre la mesa una pregunta que ya se venía formulando de tiempo atrás: ¿cómo limitar una tecnología que corre de manera desbocada sin saber a dónde va a llegar?

Bill Gates dedicó un ensayo de casi seis mil palabras a advertir que la llegada de la inteligencia artificial conllevará la desaparición de numerosos empleos, la multiplicación del fraude y hasta la facilidad para atacar infraestructura crítica o diseñar nuevas enfermedades.

Propuso vedar ciertos oficios a la inteligencia artificial, reservándolos solo para personas, y gravar su uso tal como hoy se grava el salario de un trabajador.

Podría pensarse en principio que una posible solución radicaría en que Estados Unidos regule y limite sus modelos de inteligencia artificial.

Pero no hay que olvidar que el competidor de esos modelos ya no está en Estados Unidos. Ahora está en China y sus desarrollos lo han puesto al mismo nivel de los estadounidenses.

El Índice de Inteligencia Artificial 2026 de la Universidad de Stanford calculó que en marzo de 2026 el mejor modelo estadounidense apenas le llevaba 2,7 por ciento de ventaja al mejor modelo chino.

Así que ningún freno nacional funciona, porque el país que imponga límites en solitario solo fortalecerá a su rival y el riesgo permanecerá intacto mientras el otro continúe la carrera.

Es el viejo dilema del prisionero: dos jugadores que, al defender cada uno su propio interés, terminan por producir juntos el resultado que ninguno quería.

La Guerra Fría enseñó que de esa trampa solo se sale por una vía: la de un acuerdo con mecanismos de verificación que le permitan a cada parte comprobar que el otro cumple.

Frente a estos riesgos, investigadores del centro de estudios RAND han analizado las lecciones que deja el control internacional de las armas nucleares para aplicarlas a la inteligencia artificial. Otros, como Jason Hausenloy y Andrea Miotti, han ido más lejos y proponen crear una única institución global autorizada a desarrollar la tecnología más avanzada, de modo que ningún otro actor pueda hacerlo sin control.

Algo de eso empezó a moverse en mayo de 2026, cuando en la cumbre de Beijing los presidentes de Estados Unidos y China acordaron abrir un canal de diálogo sobre gobernanza de la inteligencia artificial, el primero en más de dos años según el instituto IISS. Desde entonces, y de acuerdo con Reuters, ambos gobiernos preparan una nueva ronda de conversaciones sobre los riesgos de esta tecnología.

De no llegar estos esfuerzos a feliz término, el escenario será bastante distópico.

 

* Nota: en la elaboración de este artículo se emplearon herramientas de inteligencia artificial para revisar la redacción, la puntuación y los gazapos. El contenido, las ideas y las opiniones corresponden por completo al autor.