Economía

“It’s the economy, st*pid”

20 de junio de 2026

Jaime Vargas

Socio de Impuestos de Cuatrecasas
Canal de noticias de Asuntos Legales

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Las encuestas revelan que cerca de la mitad del país piensa que la economía nacional va bien, en tanto que la otra mitad piensa lo contrario. La percepción resulta ser un poco más favorable en cuanto a la economía personal. La abundancia de recursos circulantes que se ha generado en estos últimos años como consecuencia de políticas estatales ha causado en buena parte de la población sensación de bienestar. Y el crecimiento del consumo ha creado –hay que decirlo también-, mayores beneficios en algunos sectores empresariales.

Pero no es una situación sostenible. La inversión, tanto nacional como extranjera, ha venido contrayéndose en los últimos dos años, y el crecimiento económico se explica más en la recuperación del gasto que en el crecimiento de la capacidad productiva. No estamos aún en el punto de “estar comiéndonos la vaca”, pero sí la estamos alimentando menos de lo que necesita para que pueda mantener y aumentar su capacidad lechera. Así que, sea cual sea la tendencia política del próximo gobierno, su propósito fundamental debe ser dinamizar la economía si quiere cumplir con las promesas de bienestar y prosperidad social de las campañas. Y esto pasa, necesariamente, por fomentar el crecimiento de la inversión, no pública, sino privada.

La situación es compleja. Se deben balancear las necesidades de generar los recursos fiscales necesarios para el sostenimiento del Estado, de disminuir el déficit fiscal y reducir la deuda pública a niveles adecuados, con las necesidades de recuperar la confianza de los inversionistas, y crear un entorno de inversión que les permita anticipar que recibirán un retorno adecuado sobre sus inversiones. Tarea para un mago, en la que el tema tributario cobra especial importancia.

Es sabido que la carga tributaria que soportan quienes cumplen con su deber de pagar los impuestos, tanto personas naturales como empresas, es muy alta. No se necesita subirla más, pues ya está en niveles en que desincentiva la inversión. ¿Cómo convencer a un inversionista extranjero de invertir en Colombia, cuando la tarifa combinada del impuesto de renta y el impuesto de dividendos llega al 48%, cuando se castiga con sobretasas adicionales y sin consideración alguna a sectores económicos específicos, cuando se intenta sobre argumentos groseramente equivocados desconocer deducciones fundamentales para ciertos negocios, y cuando, además, se busca gravarlos con impuestos nocivos como el impuesto al patrimonio?

Los dos candidatos presidenciales han planteado que los recursos tributarios adicionales deben venir de la lucha contra la evasión. Nada nuevo. Es el mismo planteamiento que han hecho todos los candidatos que han resultado electos desde 2010; y a pesar de ello, la evasión sigue siendo el principal problema fiscal, estimada por la DIAN en torno al 6%-8% del PIB según cálculos de brecha tributaria, cifra consistente con las estimaciones de la CEPAL.

Quien quiera enfrentar la evasión, debe tener un pulso muy firme y mucha voluntad e inteligencia para hacerlo. La evasión permea todos los segmentos de la economía y está profundamente arraigada en el sector informal. Si bien puede haber victorias tempranas en este tema, anticipo que pasarán varios años de esfuerzos continuados para que la recaudación por control de la evasión aumente significativamente.

En el entretanto, ¿de dónde sacar los recursos adicionales que se necesitan? No del sector formal que paga sus impuestos y que ya no aguanta más cargas; ese facilismo es el que nos ha traído, en gran parte, a donde hemos llegado. Hay que buscar los recursos en la reducción del gasto. Y hay que buscar quién es capaz de ponerle el cascabel al gato.