Ciencia y competitividad: la conversación pendiente en Colombia
28 de marzo de 2026Contenido
Durante años, la política de ciencia, tecnología e innovación en Colombia se ha concebido como una política principalmente educativa y académica. Pero en la economía global actual, la ciencia y la innovación es también competitividad. La pregunta ya no es cuánto invertimos en I+D, sino cómo logramos que los recursos destinados a la ciencia se convierta en empresas e industrias capaces de competir en el mundo.
Esta conversación rara vez ocupa un lugar central en el debate público. La agenda política se concentra en seguridad, salud o corrupción —temas urgentes— pero deja en segundo plano asuntos estructurales que determinan el futuro económico del país. Y el mundo no espera: la inteligencia artificial, la biotecnología y los nuevos materiales están redefiniendo cómo las economías crecen y compiten.
Desde 2023, OlarteMoure y MenteX elaboran el Informe Sciencepreneurs DeepTech Colombia. El más reciente identifica 98 emprendimientos de base científica y tecnológica (EBCT) que han levantado más de USD 108 millones en capital, en los últimos 5 años, generan 820 empleos altamente calificados y articulan 648 actores entre universidades, corporativos e inversionistas. Más del 80% están vinculadas al aprovechamiento científico de la biodiversidad, lo que posiciona a Colombia estratégicamente en bioeconomía, agroalimentos, salud y energía.
Su potencial va más allá de los números. Las empresas DeepTech requieren ciclos largos y capital paciente, pero cuando escalan pueden transformar sectores productivos completos, elevando la sofisticación y competitividad del sector privado con tecnologías que difícilmente llegarían por otra vía. Sin embargo, el desafío sigue siendo el financiamiento. El 75% de las EBCT identifica el capital como su barrera más crítica, el 58% opera con recursos propios y solo el 10% ha recibido capital de riesgo. El contraste con Brasil —que invierte el 1,3% del PIB en I+D frente al 0,34% de Colombia, con una arquitectura institucional que conecta sistemáticamente ciencia, industria e inversión— ilustra la magnitud de la brecha. Una señal alentadora en este frente: Estamos próximos a constituir nuestro primer fondo de inversión DeepTech colombiano, que reúne universidades, corporativos e inversionistas especializados, con una meta de cierre inicial de USD 10 millones para finales de octubre de este año.
De cara al próximo gobierno, tres prioridades resultan clave. Primera, alinear la estrategia nacional de CTI con la política de competitividad, priorizando bioeconomía, salud y agroalimentos. Segunda, movilizar capital catalítico público —matching grants, coinversión, deuda blanda— reenfocando recursos existentes hacia instrumentos diseñados para los tiempos del DeepTech. Tercera, fortalecer la gobernanza del ecosistema con métricas compartidas entre MinCiencias, MinComercio y DNP que midan empresas creadas, empleos calificados y capital privado movilizado, no solo publicaciones o patentes.
Colombia ya tiene la capacidad científica. Lo que falta es la decisión política de convertirla en competitividad.
Para descargar el informe: www.olartemoure.com/informe-deeptech-2025/
P.D.: Lo que está ocurriendo hoy con las convocatorias de CTI de MinCiencias no tiene precedente en la historia reciente del sistema de ciencia e innovación del país. Un país que no cumple sus compromisos con quienes hacen ciencia, no puede aspirar a ser competitivo.