#InteligenciaArtificial

Mantener humana la innovación como estrategia de inversión

01 de agosto de 2026
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Todo el andamiaje jurídico de la propiedad intelectual se ha construido históricamente sobre los conceptos de autoría o inventoría, novedad u originalidad, una fecha y un resultado sobre el que las personas reclaman derechos. Existe un principio de mérito en la inversión en investigación y desarrollo (I+D), recompensado mediante un beneficio de exclusividad.

Pero el proceso creativo y de investigación hoy ha cambiado. La inteligencia artificial hace parte integral de los procesos de I+D, y organizaciones como empresas y universidades están avanzando en procesos de gestión del cambio en esa dirección.

Hoy, la inteligencia artificial nos ha convertido en creadores itinerantes. Podemos construir un producto mínimo viable (MVP) en tiempos antes inimaginables, crear y desechar, volverlo a intentar, comprobar hipótesis y hacer búsquedas en el estado del arte rápidamente. El equipo de diez ahora puede ser uno. Hordas de productos digitales llegan al mercado y se convierten en una sobreoferta abrumadora, mientras la competencia es más feroz que nunca.

Pero mientras más rápido creamos, más difuso queda quién hizo qué. El aporte humano no desaparece, pero sí deja de ser evidente como lo era antes. La Dirección Nacional de Derecho de Autor (DNDA) ha sido consistente en señalar que solo hay obra cuando existe expresión humana, y la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), en que solo hay invención cuando hay un inventor humano. En ambos casos, lo protegible es el aporte humano identificable, es decir, demostrable.

Por ejemplo, en la Resolución 185 de 2023, la DNDA rechazó una serie de obras realizadas con Midjourney, un programa de inteligencia artificial generativa de imágenes, porque, en sus palabras, no hubo una intervención concreta en el proceso creativo del material generado.

Lo anterior, además de parecer un problema filosófico, crea un impacto directo en las empresas. Según el estudio de Ocean Tomo, al cierre de 2025 los intangibles representaban 92% del valor de mercado de las empresas del S&P 500, mientras los tangibles apenas alcanzaban 8%.

La NIC 38 exige, para reconocer un intangible, que la entidad tenga control sobre el recurso. Sin titularidad acreditable no hay derecho; sin derecho no hay control, y sin control no hay activo empresarial.

Las organizaciones deberán hacer un esfuerzo importante por documentar, durante el proceso de investigación, los aportes humanos mediante diferentes tipos de pruebas, bitácoras o procesos que les permitan demostrar su participación y, por tanto, contar con una titularidad y un derecho más sólidos.

Esta preocupación está alineada con perspectivas globales analizadas por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI): documentar el rol de los humanos en el proceso de creación, conservar los prompts relevantes y etiquetar lo generado por IA, como ya lo hace Anthropic como parte de su adaptación a la legislación europea sobre inteligencia artificial.

Tener una documentación adecuada puede marcar la diferencia entre la evidencia que se produce mientras el hecho ocurre y aquella que debe reconstruirse cuando ya existe un conflicto o un posible litigio. Esta es una de las muchas prácticas que denominamos IP Management, porque la tarea comienza mucho antes de obtener la protección y continúa muchos años después.

De ahí que humanizar nuestras prácticas de investigación y desarrollo sea hoy más urgente que nunca, casi como un instinto de conservación humana. En un entorno donde la máquina produce a una velocidad que ninguna persona puede igualar, el ser humano tiene que poder demostrar dónde estuvo su participación, y la empresa debe poder identificarla para proteger su inversión.