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Con el Mundial todavía resonando, resulta tentador acudir a una metáfora futbolística para describir lo que vive Colombia en materia laboral durante el cambio de gobierno.
El país vive algo parecido a un entretiempo: termina un primer tiempo y se anuncia un segundo, con un equipo distinto en la cancha. Pero, el descanso no reescribe el reglamento. El árbitro no cambia las reglas porque cambie el marcador ni porque entre un jugador nuevo; las reglas solo cambian cuando el organismo competente las modifica. Hasta entonces, rigen igual para todos.
El primer tiempo
El 7 de agosto termina el actual gobierno. Aún estamos en los minutos finales y este equipo juega conforme al reglamento vigente. Lo hace, además, con intensidad: se han expedido decretos sobre inspección y sanción de la tercerización laboral, circulares sobre libertad sindical y lineamientos sobre el Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo. También se anuncian nuevos movimientos, como la reglamentación del régimen simple de contratación. A esto se suman tres jugadas anunciadas desde antes del resultado electoral: la entrada en aplicación de la cuota obligatoria de contratación de personas con discapacidad; el incremento del recargo por trabajo dominical y festivo al 90 %; y la reducción de la jornada ordinaria semanal a 42 horas.
El calentamiento para el segundo tiempo
Mientras se acerca el cierre de la primera parte, ya calientan los jugadores del segundo tiempo. Algunos movimientos y conversaciones tácticas dejan ver lo que podrían intentar: mayor dinamismo y flexibilidad en los mecanismos de vinculación laboral para favorecer la formalidad, un replanteamiento de la negociación colectiva y una revisión de las cargas parafiscales. Son anuncios de calentamiento, no jugadas ejecutadas. Para convertirse en reglas efectivas, las nuevas apuestas deberán superar el trámite para el cambio de reglamento: unas veces por decreto y otras por ley. También se escuchan medidas que se mantendrían, como el incremento de derechos laborales definidos en la reforma laboral y el aumento del salario mínimo legal.
El reglamento no lo decide la tribuna
Detengámonos en lo esencial: el ordenamiento jurídico laboral no funciona como un marcador que se reinicia con cada cambio de equipo. Persiste hasta que una norma de igual o superior jerarquía lo modifique, derogue o subrogue. Ninguna disposición vigente se suspende por el anuncio de que el próximo equipo jugará distinto.
Para las empresas, cumplir no admite pausas de entretiempo: la jornada de 42 horas, la cuota de inclusión laboral y las demás obligaciones vigentes deben seguir aplicándose, sin importar que juegue otro equipo. Vale decir: la polarización política ha instalado en muchos la idea equivocada de que las normas cambian porque cambia el gobierno.
Visto así, lo que vive Colombia no es un cambio normativo, sino una fase reconocible del juego: un equipo que termina su actuación, otro que se alista y un reglamento que sigue siendo el mismo hasta que alguien con autoridad decida cambiarlo. Esta idea suele perderse en los tránsitos de gobierno, cuando la expectativa sobre lo que vendrá compite con la vigencia de lo que ya existe.
Para quien asesora empresas, el ejercicio es similar al de un entrenador durante el descanso: revisar lo que el reglamento exige hasta el pitido final, preparar la estrategia para el segundo tiempo sin anticipar reglas que aún no existen y recordar que ganar tiempo no es lo mismo que ganar el partido.