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Durante años, las fiscalizaciones tributarias iniciaban con una declaración, una factura o una solicitud de información. Hoy, cada vez es más frecuente que comiencen con una inconsistencia detectada por un sistema de análisis de datos.
La transformación digital está cambiando la forma en que la DIAN fiscaliza y la manera en que los contribuyentes gestionan sus riesgos tributarios. La capacidad de procesar grandes volúmenes de información y cruzar datos provenientes de distintas fuentes le permite a la Administración identificar con mayor facilidad aquellos casos que requieren una revisión más detallada.
No es casualidad que la DIAN haya incorporado dentro de su estrategia de modernización el fortalecimiento de la gobernanza de datos, la transformación digital y el uso de herramientas de analítica e inteligencia artificial. De hecho, su Plan Estratégico de Tecnologías de la Información 2025-2028 refleja una apuesta por el aprovechamiento de la información para fortalecer los mecanismos de control y mejorar la eficiencia institucional.
La factura electrónica, la nómina electrónica, la información exógena y los demás sistemas de reporte conforman una red de información interconectada que permite a la Administración obtener una visión más amplia de la actividad económica de los contribuyentes.
Lo verdaderamente novedoso no es que la DIAN tenga acceso a más información, sino que ahora puede cruzarla de forma más eficiente y ágil. En la práctica, cada vez es más frecuente que las actuaciones de fiscalización tengan origen en cruces de información y no necesariamente en una revisión previa de la declaración.
La discusión ya no comienza únicamente con el análisis de un costo o una deducción. Con frecuencia inicia con la necesidad de explicar por qué la información reportada no coincide entre distintas fuentes.
Ahora bien, esta nueva realidad también plantea retos importantes para los contribuyentes.
No toda inconsistencia responde a una conducta evasiva. En muchas ocasiones las diferencias tienen origen en errores de digitación, problemas en la precisión de los datos o información incorrectamente reportada por terceros.
Por ello, el fortalecimiento tecnológico debe ir acompañado de una adecuada valoración de la prueba y del respeto de las garantías que protegen a los contribuyentes. La información puede generar alertas, pero no reemplaza el análisis de la realidad económica.
Desde la perspectiva empresarial, esta transformación exige un cambio de enfoque. Hoy ya no basta con cumplir oportunamente las obligaciones tributarias. También resulta necesario revisar la información que se reporta, verificar los datos suministrados por terceros y conservar los soportes que respalden cada operación.
La fiscalización tributaria está evolucionando hacia un modelo en el que la información se ha convertido en uno de los principales mecanismos de control. En este escenario, la capacidad de sustentar la realidad económica adquiere una relevancia cada vez mayor, pues, aunque la información puede generar alertas, seguirá siendo la prueba la que determine la realidad de los hechos.
Pequeña introducción
La información se ha convertido en uno de los principales insumos de la fiscalización tributaria. En un entorno donde las inconsistencias pueden detectarse en segundos, la calidad de los datos y la capacidad de sustentarlos adquieren una importancia cada vez mayor.
¿Qué está cambiando en la fiscalización tributaria?
La DIAN está fortaleciendo sus mecanismos de control mediante el uso de analítica de datos, inteligencia artificial y cruces de información provenientes de distintas fuentes, lo que le permite identificar inconsistencias y riesgos con mayor facilidad.
¿Una inconsistencia detectada por los sistemas de información implica evasión?
No. Las diferencias pueden originarse en errores de digitación, problemas en la calidad de los datos, fallas operativas o información incorrectamente reportada por terceros
¿Cuál es el principal reto para los contribuyentes?
Además de cumplir oportunamente sus obligaciones tributarias, deben garantizar la calidad de la información reportada, verificar los datos suministrados por terceros y conservar los soportes que permitan sustentar la realidad de los hechos.