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Tannus & Asociados

La migración como estrategia económica silenciosa

10 de marzo de 2026

Por: Rodrigo Tannus Serrano

Socio de Tannus & Asociados
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Hace unas semanas conversaba con los directivos de una multinacional tecnológica que evaluaba seriamente abrir un centro de servicios en América Latina. En medio de la revisión de costos y logística surgió una pregunta que parecía sencilla pero que en realidad escondía el fondo de toda su estrategia. Querían saber qué tan abierto es Colombia frente al talento internacional. No buscaban una respuesta académica ni una cifra de migración general. Lo que intentaban descifrar era si sus especialistas pudieran entrar y salir con la agilidad que exige un mercado que no duerme.

La respuesta más fácil habría sido decirles que somos un país de puertas abiertas. En los últimos años nuestro discurso público se ha centrado en esa hospitalidad y en el orgullo de ser un destino receptivo para profesionales extranjeros e inversionistas. Sin embargo, mientras profundizábamos en los detalles operativos de su llegada, me di cuenta de que la pregunta que realmente debíamos hacernos era otra. Me preguntaba si Colombia está siendo simplemente abierta por inercia o si está empezando a ser estratégicamente inteligente desde el punto de vista jurídico para competir en serio.

Hoy los países ya no solo reciben personas, sino que compiten decididamente por innovación y capital humano. En ese escenario de alta exigencia la diferencia entre la apertura genérica y la inteligencia regulatoria es la que define dónde se queda el capital. Durante mucho tiempo planteamos la discusión migratoria como una pelea entre el control y la flexibilización, pero ese mapa cambió. Las economías que hoy ganan la carrera por el talento no son necesariamente las que tienen fronteras flexibles, sino aquellas que han diseñado reglas predecibles y conectadas con su realidad productiva.

 

Jurisdicciones como Canadá o España han entendido que la migración económica es una herramienta de política pública tan potente como una reforma tributaria. En esos países la pregunta ya no es cuántas personas pueden entrar, sino qué perfiles específicos faltan para cerrar brechas de competitividad y bajo qué reglas de seguridad jurídica se les invita a participar. Cuando miramos a Colombia bajo ese enfoque la conversación deja de ser romántica y se vuelve una cuestión de eficiencia.

Cada vez es más común ver empresas que analizan al país como un centro de operaciones regionales o de ingeniería de datos. Esas decisiones no dependen solo de la ubicación geográfica de nuestras ciudades o de la calidez de nuestra gente. Dependen en gran medida de la capacidad del sistema legal para facilitar la movilidad de equipos globales sin fricciones burocráticas innecesarias. En sectores de tecnología y servicios empresariales la posibilidad de integrar expertos extranjeros con talento local es hoy un factor de supervivencia.

Aquí es donde aparece una paradoja que veo repetirse en mi práctica profesional. Los países que logran posicionarse como referentes de talento son aquellos que combinan su apertura con una selectividad estratégica. Ellos ven la movilidad internacional como una infraestructura invisible de competitividad. Por eso la discusión local no debería agotarse en si somos restrictivos o no, ya que esa es una lectura demasiado simple. Lo que realmente importa es si nuestro marco migratorio actual ofrece la certidumbre que un inversionista de alto nivel necesita para establecerse.

 

En la economía del conocimiento la competencia se define en detalles regulatorios que a veces subestimamos. Se decide en la predictibilidad de una decisión consular, en la agilidad de una visa técnica o en la coherencia entre las normas de extranjería y las nuevas realidades del teletrabajo. La diferencia entre ser un país simplemente abierto y uno jurídicamente inteligente radica en dejar de ver el trámite como un obstáculo para entenderlo como un puente hacia la inversión.

Al final del día la verdadera pregunta no es solo si queremos ser un país abierto. La cuestión de fondo es si estamos preparados para dejar de ser solo anfitriones y empezar a ser estrategas en el mercado global. En este juego el país que no diseña su propia ruta de movilidad estratégica termina simplemente siguiendo la que otros ya trazaron para nosotros.