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Un riddim es una base instrumental o patrón rítmico sobre el que pueden construirse diferentes canciones
16 de septiembre de 2026Contenido
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BbY WOW de Karol G se ha convertido en una de las canciones que más circulan en TikTok, pero detrás de su base musical existe una historia que se remonta a 2003. El ritmo utilizado en la canción, conocido como Coolie Dance Riddim, ha sido utilizado por artistas como Sean Paul, Pitbull, entre otros, y ahora también ha puesto sobre la mesa una pregunta jurídica: ¿cuándo reutilizar una base musical requiere autorización de sus titulares?
Para Camilo Suárez, socio del área de Propiedad Intelectual en PPU, lo primero es diferenciar entre un riddim, un sample y una interpolación, pues cada figura puede involucrar derechos distintos.
Un riddim es una base instrumental o patrón rítmico sobre el que pueden construirse diferentes canciones. Desde el punto de vista jurídico, explicó Suárez, lo relevante es establecer si esa base tiene el nivel de originalidad necesario para estar protegida como obra musical y quién es el titular de sus derechos. Que haya sido concebida culturalmente para ser reutilizada no significa que esté libre de derechos.
En el caso del sampling, la situación cambia porque se incorpora directamente a una nueva producción un fragmento de una grabación preexistente. En ese escenario pueden estar involucrados tanto los derechos sobre la composición musical como los derechos conexos sobre el fonograma del que se tomó el sonido.
La interpolación, en cambio, consiste en recrear o reinterpretar un elemento reconocible de una composición anterior, como una melodía o una secuencia instrumental, sin tomar directamente el audio de la grabación original. Por eso, normalmente no se utiliza el fonograma, pero sí pueden estar involucrados los derechos sobre la composición.
“Más que el nombre de la técnica utilizada, jurídicamente lo relevante es determinar qué elemento protegido de una obra o de un fonograma anterior está siendo utilizado y de qué manera”, explicó Suárez. De acuerdo con el abogado de PPU, que una nueva canción tenga una letra, melodía o interpretación diferente no elimina los derechos existentes sobre la parte de una obra anterior que se reutiliza.
Si se incorpora directamente un fragmento del máster original, deben considerarse los derechos sobre la obra musical y los derechos conexos sobre el fonograma. Si, por el contrario, se recrea la base mediante una interpolación, normalmente no se utiliza el fonograma original, pero continúa siendo necesaria la autorización del titular de la composición cuando se reproduce o transforma una parte protegida.
José Luis Jerez Rosanía, socio de Deloitte Legal Intangibles S-Latam, coincidió en que la clave está en identificar qué elemento protegido se está utilizando. En el caso de BbY WOW, señaló que, si se recreó el Coolie Dance Riddim sin tomar la grabación original, estarían principalmente involucrados los derechos sobre la composición. Si se utilizó directamente parte de la grabación original, también entrarían en juego los derechos sobre el fonograma. El abogado agregó que si se determina que la obra estaba protegida y existió una infracción, el titular puede reclamar judicialmente una indemnización. “Desde abril de 2026 existe un sistema de indemnizaciones preestablecidas que permite al juez fijar, por regla general, entre 10 y 50 salarios mínimos mensuales por cada obra o derecho conexo infringido, es decir, entre $17,5 millones y $87,5 millones, y puede llegar hasta 100 salarios mínimos, equivalentes a $175,1 millones, cuando se demuestra dolo, mala fe o reincidencia. Para múltiples infracciones, el sistema establece un tope general de 500 salarios mínimos, que equivalen a $875,5 millones. Esto es independiente de otras consecuencias que podrían presentarse, como el retiro de la canción de plataformas o la regularización de créditos y regalías”.
Julio César Ramírez, socio gerente de JCR Abogados, explicó que cuando una canción incorpora una parte protegida y reconocible de una obra anterior, la creación de nuevos elementos no elimina los derechos sobre la composición utilizada, pues puede tratarse de una obra derivada.
Uno de los puntos centrales del análisis es que la utilización de una misma base durante años por diferentes artistas no significa que esta pase automáticamente a ser de dominio público. Para establecer quién puede autorizar un nuevo uso, Suárez señaló que es necesario reconstruir la cadena de titularidad: quién creó la composición, quién produjo el fonograma original, si existen coautores, cesiones, contratos editoriales o licencias y bajo qué condiciones se permitió históricamente el uso de la base.
También debe diferenciarse entre la titularidad de la composición y la del máster. Los derechos patrimoniales sobre la primera pueden estar en manos de los autores, sus derechohabientes, editores o cesionarios, mientras que los derechos sobre una grabación determinada pueden pertenecer al productor fonográfico. Por eso, una interpolación puede requerir autorización sobre la composición sin que necesariamente se necesite una licencia del máster, mientras que un sample tomado directamente de una grabación normalmente implica despejar ambos niveles de derechos.
Ramírez agregó que el hecho de que numerosos artistas hayan utilizado previamente un riddim tampoco constituye una autorización general para nuevos usos. En cada caso debe revisarse quién creó la composición, quién tiene los derechos sobre el fonograma, si este se utiliza y si los derechos fueron cedidos, licenciados o administrados por terceros.
La reutilización de elementos de una composición anterior también puede tener efectos sobre los créditos y la participación económica de los involucrados. Suárez explicó que debe diferenciarse entre el derecho moral de paternidad, relacionado con el reconocimiento de la autoría, y la participación económica en la nueva obra.
Cuando se negocia el uso de una composición mediante sample o interpolación, las partes pueden acordar que los titulares de la obra preexistente reciban un porcentaje de los derechos editoriales o de las regalías generadas por la nueva composición.
Antecedentes
Utilizar una base protegida sin autorización puede generar el retiro o bloqueo de la canción, medidas cautelares e indemnizaciones. Aunque posteriormente pueden negociarse créditos, porcentajes o pagos para regularizar el uso, Camilo Suárez, socio de PPU, explicó que estos acuerdos no subsanan automáticamente una infracción ya cometida. Por eso, el análisis depende de qué elemento de la obra se utilizó, quién tiene los derechos y qué autorizaciones eran necesarias antes del lanzamiento.